lunes, 16 de mayo de 2011

“El Arca de Noé del Periodismo”

“El Arca de Noé del Periodismo” (texto publicado en el suplemento GENERACIÓN, de EL COLOMBIANO, domingo 15 de 2011

“La crónica es como una urna del tiempo, el Arca de Noé del Periodismo: las mejores especies narrativas están contenidas en ella y su talento ha sobrevivido a todos los diluvios”. La definición es del periodista antioqueño Carlos Mario Correa a propósito de su nuevo libro La Crónica reina sin corona.

Publicada por Editorial EAFIT, la obra consta de 274 páginas, en las cuales el autor analiza la obra de los cronistas Juan Rodríguez Freile, Tomás Carrasquilla y Gabriel García Márquez.

Este libro, presentado en la Feria del Libro de Bogotá es ante todo una apuesta por el rigor y por la seriedad a la hora de abordar la historiografía del Periodismo Colombiano. El autor, confiesa que utilizó 5 años en su búsqueda y que el objetivo es “informativo y pedagógico”. Y es en el segundo reto donde centra su importancia: en tiempos de inmediatez y de internet, esta investigación es construida sobre libros. Además de los sesudos análisis y comentarios del investigador, la obra se soporta en 200 citas al pie de página, y 141 referencias bibliográficas. (Todo un “pastelito” para quienes nos preocupamos por el pasado de nuestro oficio y para quienes vemos nuestra labor más que el resumen de despachos oficiales y entrevistas hueras a personajes de moda).
La crónica reina sin Corona, consta de cuatro capítulos. En el primero, Correa ahonda en las “fecundaciones mutuas” entre Periodismo y literatura y habla de “las Independencias” y “conquistas” de una reina sin Corona. hace un recorrido por la historiografía de la crónica, su condición de género híbrido, su presente como reportaje periodístico y su proyección, a través de los denominados "nuevos cronistas de Indias" (como los denomina la Revista Soho), y de los novelistas que trabajan como periodistas documentándose para sus historias de no ficción..
El segundo capítulo está dedicado a Juan Rodríguez Freile, a quien cataloga de “Padre de la crónica periodística en Colombia”, apoyándose en los estudios previos de Daniel Samper Pizano. En “El Carnero, el cronista Rodríguez actúa como historiador con un propósito claro: dejar testimonio de su tiempo, hacer memoria de las cosas, de los acontecimientos que conoció y de los que le contaron”.

“Lo interesante de este capítulo -ha dicho Carlos Mario- es que descubrimos que los contemporáneos no inventamos nada. Que todo tiene su origen”.
El siguiente capítulo es quizá su mayor riqueza. En ella por vez primera se mira a Carrasquilla, más allá de su oficio como literato. Correa mira al hombre de Santo Domingo Antioquia, desde su obra publicada especialmente en el periódico El Espectador entre 1914 y 1923. En ella lo señala como un cronista literario “alquilado” al Periodismo. “El universo de sus crónicas situadas en Medellín – y un puñado de ellas en Bogotá- está digerido con la morosidad de un rumiante y observado con la paciencia de un monje. Y si bien en ellas se ve al cronista que se esfuerza por ser notario de su época, lo artístico lo individualiza y reviste de intimidad lo referencial”.
Sobre el Carrasquilla cronista, Correa lo considera inimitable. “No se puede catalogar en ninguna escuela porque su visión era única. Miraba con exclusividad porque tenía ojos privilegiados para ver donde otros no veían. Y olía lo que otros no olían”.
El cuarto capítulo titulado: García Márquez, un cronista de recursos intercambiables, será quizá el más polémico entre estudiosos de los géneros periodísticos. Correa analiza al Gabo cronista desde Crónica de una muerte anunciada. De esta obra que cataloga como “una parodia de la crónica reporteril” estima que en ella, “mediante el sistemático intercambio de recursos entre periodismo y literatura, se concluye que lo real y lo imaginario se articulan con la precisión de un sofisticado mecanismo y se empacan al vacío para evitar que se corrompan”.
Para Correa, el Gabo cronista es “un atrevido y un temerario, que tuvo la capacidad de despertar las ganas de narrar con colores, como es la vida”.
Pasión Crónica
Y a narrar con colores como lo hicieran Carrasquilla y Gabo y con rigor para que el documento perviva en el tiempo y se convierta en notario de la Historia como Rodríguez Freyle, es que se ha dedicado Carlos Mario. Especialista en Periodismo Investigativo y Magister en Literatura de la Universidad de Antioquia, él prefiere que lo definan únicamente como Periodista. A secas. Y como tal estuvo durante 13 años vinculado a El Espectador en los años más aciagos de este medio cuando el narcotráfico se ensañara en su contra, y el propio Carlos Mario arriesgara allí su vida. Él sin embargo no gusta de hacerse pasar por víctima y minimiza que “El periodismo es una enfermedad crónica y cuando uno se mete en este oficio es porque está dispuesto a morir muchas veces antes de perder la vida”. Fruto de esa experiencia es el libro Las llaves del Periódico (EAFIT, 2008).
Carlos Mario quien fuera picado por el bicho de Periodismo y lo lleva en él “como una pasión crónica”, le ha dedicado a este oficio lo mejor de su vida. Aún recuerda con cariño (aunque con algo de escozor) su primera crónica en el Espectador: Los muertos de Segovia: matados por segunda vez, acerca de aquella masacre ocurrida en 1988. Y cuando salió del periódico no se hizo una tragedia sino que siguió construyendo verdaderas piezas del periodismo antioqueño, como Colmillos de Muchachos, una mirada a la violencia de Medellín desde la pelea de perros, donde hizo inmersión mucho antes de que se teorizará sobre ésta. O el texto: Por estos muchachos también ha llorado Urabá, acerca de los chicos que salen de esta cantera del fútbol.
Pero no por ello, por sus logros académicos, o por el gran recuerdo que ha dejado en sus aulas de clase, Correa pierde su humildad. Le comento, por ejemplo, que en una hipotética Antología de los grandes cronistas de Antioquia, él debería estar al lado de Ricardo Aricapa, de Juan José Hoyos, de Patricia Nieto y de Carlos Sánchez, y con modestia casi abusiva, dice que “la antología depende del antologista”. La timidez de Carlos Mario intimida.
Y aunque él quiera evadir el reconocimiento, con esta obra que será imprescindible a la hora de estudiar el Periodismo colombiano, se convierte en continuador de una ruta trazada por Daniel Samper Pizano, Juan José Hoyos y Mariluz Vallejo, en el estudio de la historia de nuestro Periodismo.
Carlos Mario, abandonando repentina e insospechadamente por un momento su humildad admite que su proyecto lee a aquellos tres autores “pero abre nuevos campos. Entre otros, por primera vez se mira a Carrasquilla como Periodista, más allá de la Literatura”.
A propósito, la profesora Vallejo comenta que Carlos Mario, “hace un trabajo investigativo juicioso que profundiza en el género y en el oficio”.
Y agrega: “El texto de Juan José Hoyos, Escribiendo historias, el arte y el oficio de narrar en el periodismo (2003) es fundacional en la reflexión sobre las técnicas narrativas y los préstamos entre el periodismo y la literatura, y el trabajo de Carlos Mario Correa —discípulo del maestro Hoyos—, continúa esta reflexión y ofrece el estudio de casos colombianos, con lo que llena un vacío editorial”.

La crónica periodística –el más viejo de los géneros no envejece. Ahora ha tomado un nuevo aire, gracias a la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que organiza eventos académicos y convocatorias a premios, y a publicaciones como Gatopardo, Soho, El Malpensante y Número. De ahí la importancia de esta obra, pues ayuda a entender sus alcances, posibilidades y desafíos.

“Mi mayor satisfacción es mostrar que se puede hacer Periodismo con arte, con esencia y contribuir a ayudar a descubrir que el periodismo tiene rigor y complejidad”.
En las Conclusiones de la obra, Correa considera que este género la internet lo fortalecerá: La Crónica reina sin Corona, y él desea que siga reinando por lo que hace un llamado:
“el objetivo de la crónica siempre ha sido iluminar los acontecimientos y podría sacar al Periodismo de la oscuridad que lo tiene dando palos de ciego en los medios impresos, digitales y virtuales. Todavía hay tiempo de restituirle el alma a nuestros periódicos y revistas si volvemos a incluir ¡a su Majestad la crónica! no sólo en la última página sino en la primera y en todas las demás”.

2 comentarios:

  1. La crónica no puede morir, satisface la necesidad humana de contar historias.

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  2. Estudios como este de Carlos Mario Correa le da aire a este género que no deja de deleitarnos. A ti gracias por darlo a conocer.

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