sábado, 4 de diciembre de 2010

QUÉ OLORES

Qué olores

La perseguía. Él no le perdía aliento. Ella rehusaba malhumorada: no eran sus días y por eso no le importaban sus insinuaciones. El insistía. Recostaba su cara de la de ella. La acariciaba con su boca. Creía ganarse su confianza y entonces le ponía las manos sobre su espalda. Impulsaba seguidamente su cuerpo y se acomodaba sobre ella. Intentaba garoso introducir su miembro viril por ese hueco con cierto olor a paraíso que a él tanto le agradaba. Ella chilló, bravió, empujó. No se dejó.

Habrían de pasar unos minutos...

A él lo entraron al cadalso. Medioleempujaban y él no hacía repulsa. Eso sí, caminaba sin muchos afanes. Como siempre. Entró al sitio y algo raro percibió en el ambiente. Un olor dulzón que se le aferró a la nariz. Como de cuero chamuscado diría alguien que supiera de olores pero él no era experto en describirlos. Si acaso se dejaba llevar por los olores. En el piso bocarriba tirados un par des sus amigos. Tiesos ya. Bien idos. Lo último que había sabido de ellos fue un grito seco y agudo que desgarró la noche... ni de eso se acordó en ese instante en que algo caliente le atravesó su piel y su corazón le galopó dejando escapar borbotones. ...temblando, percibió otro olor y entonces su cuerpo se recostó de sus amigos muertos. El cerdito murió con ellos...

Son las 10 y 45 de la noche. El verdugo tiene el cuchillo en la mano. Mi amiga reportera sigue haciendo click a su cámara. Lástima que el artefacto no capture los olores.

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