viernes, 18 de junio de 2010

TANGO


El tango es un sentimiento triste que se baila
Santos Discèpolo
TANGO

POR GUILLERMO ZULUAGA CE

El hombre, o eso que estaba entre las ropas humildes y mugrosas, giró sobre sí en tres veces. Su delgaducha mano se aferró de esa parte del pantalón donde debía estar su órgano sexual dormido. También él dormía. Retiró su mano y volvió a llevarla cerca de su rostro.
-Así duermen ustedes los hombres –dijo Gladys la chica que vendía chance en la casetica afuera del local, alternando su mirada entre el mendigo que dormía en la acera y la señora de 50 y tantos que estaba esperando por el bus que la recogiera para llevarla a la empresa.
Desde la barra seguía observando en la pared, el retrato varonil y desaliñado del Ché Guevara inmortalizado en blanco y negro por Alberto Korda.
Le hacía compañía en la pared al Zorzal criollo, a Magaldi, a Larroca, y a no se cuántos más tangueros que había en la pared en penumbras fucsias del lugar.
-Por qué está el Ché, ahí- le pregunté al hombre de gafas que administraba el sitio y poco antes me sirviera la cerveza.
-Porque es argentino- resumió como toda explicación.
Ojee la pared llevado un tanto por la vanidad o la ironía:
-Entonces falta Maradona y Borges que también son dos argentinos universales
-Ah, Borges escribió poemas y tangos –dijo otro que estiraba una cerveza y pedía canciones en la barra.
-el Fútbol en cambio, lo odiaba. Decía que era el opio del pueblo…
- Poneme la de Godoy
Afuera, un hilillo de agua empezó lentamente su recorrido mojado y mojador desde el cuerpodel vagabundo sobre la acera.
-Se orinó - dijo uno que lo miró en picada y se rio la de veinte años y piel trigueña que vendía chance.
-Sí, se orinó. Está enfermo si se orinó –aportó el hombrecillo que entró saludando zalamero al de la barra. El bizquito figurín no logró granjearse con su sabia sentencia médica una cerveza
El que dormitaba en la acera, inquieto, movía sus manos. Parecía con escalofrío. Movía también sus piernas ahora emparamadas.
Seguían las tonadas sureñas, citadinas. Melancólicas. Reprochadoras. El Ché, de Korda, incólume, seguía con su humeante y largo cigarro habano.
Zasssssssssssssss… el agua lambeteo la cara al desvalido durmiente, quien como electrizado, se levantó del piso. Casi choca su huesuda y famélica cara de bigotito cantinflezco con la del dependiente de la cantina que le tiró el baldado de agua. Entonces, sacudiéndose su ropa o su cuerpo húmedo, se fue yendo del sitio. El dependiente luego, como si se tratara de la lepra que estaba instalada en la acera, lavó el rastro meado que dejó el mendigo en el piso a la entrada del negocio.
Apuré el último trago de mi cerveza. Levanté un poco la vista: un letrero en neón anunciaba al frente Hotel Central. Cuando el tango cesó salí a la calle. El hombre, empapado, estiraba su mano media cuadra más adelante:
Una moneda señor, tengo hambre.
guillermozuluagace.blogspot.com

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